| Número 93-94 I-IV 2002 38 |
|
ESPAÑA 2002 | ||
| Balance del año Summary of the Year Luis Fernández-Galiano Tristes torres Towers of Doom Luis Fernández-Galiano Rascacielos de firma Signature Skyscrapers Manhattan mañana Manhattan Tomorrow Adela García-Herrera y Marta García Carbonero 2001, una antología homogénea 2001, a Smooth Anthology Piezas mayores Major Works Caja General de Ahorros, Granada Savings Bank Alberto Campo Baeza Sede de la Xunta de Galicia, Vigo (Pontevedra) Xunta Headquarters Bonell & Gil Centro de congresos, Murcia Congress Center Paredes & Pedrosa Auditorio, León Concert Hall Moreno Mansilla & Tuñón Exposición pública Public Exposure Museo y sala polivalente, Colmenar (Madrid) Museum and Multipurpose Hall Aranguren & Gallegos Centro de interpretación, Peñaranda (Burgos) Visitors Center Carazo, Grijalba & Ruiz Ampliación del Museo de Bellas Artes, Bilbao Museum of Fine Arts Extension Luis María Uriarte Museo del Mar, Vigo (Pontevedra) Sea Museum Rossi & Portela Crear escuela Knowledge Building Aulario médico, El Palmar (Murcia) Medical Lecture Hall Sancho, Madridejos, Alonso & Hernández Edificio universitario, Mérida (Badajoz) University Building Ábalos, Herreros & Jaramillo Aulario universitario, Espinardo (Murcia) University Classrooms Lejarraga & Ruiz-Gijón Colegio público, Alcázar de San Juan (Ciudad Real) Public School Vicens & Ramos Prácticas saludables Healthy Habits Pista atlética rural, Olot (Gerona) Rural Athletics Field Aranda, Pigem & Vilalta Polideportivo, Manzaneda (Orense) Sports Center Alfonso Penela Centro de salud, Lérida Health Center Fité & Mejón Centro de salud, Buñuel (Navarra) Health Center Barcos & Enríquez Oasis urbanos Urban Oasis Estadio municipal de fútbol, Jaén Soccer Stadium Rubiño, García Márquez & Rubiño Parque del Casino de la Reina, Madrid Casino de la Reina Park Matos & Martínez Castillo Plaza de Desierto, Baracaldo (Vizcaya) Desierto Square Eduardo Arroyo Plaza y tanatorio municipal, León Square and Municipal Morgue Badía & Val Invariantes domésticos Domestic Standards Viviendas MU, Urretxu (Guipúzcoa) MU Housing Acebo & Alonso Viviendas Laurel, Santa Cruz de Tenerife Laurel Housing Artengo, Menis & Pastrana Viviendas sociales en Aktur Lakua, Vitoria Social Housing Ercilla, Campo & Mangado Viviendas sociales junto a la SE-30, Sevilla Social Housing Nieto & Sobejano Un año en el mundo A Year in the World Luis Fernández-Galiano El parque de cristal The Glass Park Luis Fernández-Galiano Doce meses y cuatro estaciones Twelve Months and Four Seasons El año en doce edificios The Year in Twelve Buildings Marta García Carbonero Los premios y las pérdidas Distinctions and Disappearances |
||||
Luis Fernández-Galiano Tristes torres Inevitablemente, el año gira sobre la charnela trágica del 11 de septiembre. La cifra 2001 evocaba el futurismo metafísico de Kubrick, pero a partir de ahora se hará indisoluble de la imagen del impacto de dos aviones de pasajeros en las torres más altas de Manhattan; al terminarse en 1976, los rascacielos del World Trade Center fueron el techo del planeta, y una genuina «odisea del espacio» en la proeza técnica de su esbeltez inverosímil y su récord de altura duplicado: un cuarto de siglo después, los escombros calientes de la zona cero sepultan la odisea vertical en el espacio horizontal y humeante de la ruina. Junto a varios millares de víctimas, bajo esos restos yacen también la confianza en la seguridad de nuestra cultura técnica, el aplomo cosmopolita de la globalización económica y la inocencia política de un imperio joven. Éste podría haber sido el año de los maestros europeos en América. Se celebraba el
centenario de Louis Kahn, el arquitecto nacido en Estonia que desde Filadelfia puso en
cuestión los dogmas modernos, y el de José Luis Sert, el discípulo catalán de Le
Corbusier que tras la Guerra Civil española se exilió a Estados Unidos; dos aniversarios
eminentes a los que se sumaron durante el verano las dos grandes exposiciones neoyorquinas
de Mies van der Rohe, el maestro alemán que desarrolló en Chicago la segunda mitad de su
carrera. Sin embargo, el protagonista del periodo no sería al final ninguno de estos tres
americanos de adopción, sino un arquitecto de origen japonés nacido en Seattle, formado
en Nueva York y establecido en Detroit, Minoru Yamasaki, la destrucción de cuyas Torres
Gemelas marcó el año de forma indeleble. |
||||
|
El invierno ardió sin llama, y en su combustión lenta se
consumió un casi clandestino centenario de Kahn y esas geometrías esenciales que
procuran detener el tiempo en un presente eterno, mientras la hojarasca de laurel de los
galardones distinguían con el FAD el Museo de Bellas Artes de Castellón, inaugurado por
Moreno Mansilla y Tuñón en enero, y con el premio de la Bienal de Arquitectura el
Kursaal de Rafael Moneo, que asimismo recibiría simultáneamente el premio europeo Mies
van der Rohe, en una edición triste marcada por la desaparición de su impulsor, el
crítico e historiador catalán Ignasi de Solà-Morales, arquitecto también de la
reconstrucción del mítico pabellón de Alemania en Barcelona; dos homenajes a dos obras
de geometrías reductivas que establecen genealogías cúbicas entre Moneo y sus
discípulos, y que subrayan la vigencia española de un cierto minimalismo de voluntad
abstracta y densidad matérica, cuyos ecos se oirían también en el prisma vacío de la
Caja de Ahorros de Granada de Alberto Campo Baeza, en el volumen escultórico del Museo de
la Ilustración de Valencia de Guillermo Vázquez Consuegra o en la plasticidad eficaz del
Palacio de Congresos de Barcelona de Carlos Ferrater, galardonado este año con el Premio
Nacional de Arquitectura. |
|||
|
La primavera se anunció con la proclamación ritual del
premio Pritzker, que desde su base en Chicago ha conseguido convertirse en la distinción
arquitectónica más prestigiosa del mundo, y que por décimo año consecutivo evitó
recaer en un autor norteamericano, poniendo de relieve el mal momento que atraviesa la
producción del país. Los elegidos, que recibieron el galardón en la mítica Monticello
la mansión virginiana de Thomas Jefferson que introdujo las formas neoclásicas en
el nuevo continente fueron los suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron, una pareja
de Basilea que pone en contacto la construcción con el paisaje, el arte y la vida
cotidiana, para levantar una arquitectura táctil y precisa que constituye un polo de
referencia en el debate internacional, y que en España estará pronto representada en
Tenerife, Barcelona y Madrid; obra ésta de reflexión arcaica sobre la naturaleza y la
materialidad de lo viviente que anima a poner en cuestión nuestra relación con el medio
ambiente y el resto de los seres que habitamos el planeta, una relación actualmente
enferma que las crisis sanitarias y veterinarias que han jalonado el territorio europeo
con fosas y piras de animales sacrificados mostraron súbitamente bajo una luz violenta. |
|||
|
Con las exposiciones de Mies van der Rohe se inició el
verano, y la imagen que las muestras neoyorquinas ofrecieron del maestro moderno no pudo
ser más distinta: en el relato pedagógico y crítico del Museum of Modern Art, el Mies
de Berlín se manifestaba contextual, paisajístico, expresionista y subjetivo; pero en el
homenaje exquisito y exhaustivo del Whitney, el Mies americano se exhibía reductivo y
autorreferente en su persecución de lo universal. Mientras tanto, en la Mitteleuropa
originaria del arquitecto se completaba una nueva cosecha de museos, muchos de los cuales
albergan ecos de la convulsión que lo arrojó al exilio: los Schiele y los Kokoschka del
nuevo Barrio de los Museos de Viena, construido por Ortner y Ortner en las antiguas
caballerizas imperiales; los objetos y documentos del Museo Judío de Berlín, inaugurado
al fin por Daniel Libeskind doce años después de haber proyectado su rayo zigzagueante y
fracturado; o las escenografías nazis del memorial de Núremberg, diseñado por Günther
Domenig en el interior del palacio de congresos que no llegó a terminar Albert Speer, el
arquitecto y Ministro de Armamento de Adolf Hitler. Pero ese verano habría de terminar en
la misma Nueva York donde empezó, un 11 de septiembre que abrió en canal la violencia
latente de nuestro mundo, y que eligió la ciudad de los rascacielos para representar un
teatro del terror que proyecta su amenaza sobre el futuro. |
|||
|
La Zona Cero de Manhattan y los paisajes ásperos de Afganistán fueron los dos escenarios desolados de un otoño de fuego, que en su guerra contra el terror resucitó el fantasma del conflicto entre civilizaciones, y colocó al mundo islámico en el banquillo de los acusados. En el torbellino de mullahs, muyaidines y madrasas se desvanecieron los signos arquitectónicos que dibujan un islam diferente, y la cultura musulmana se apocopó en términos como talibán, yihad o burka, convertidos en fetiches de un universo hostil. Ni la celebración en Siria de la octava edición del modélico premio Aga Khan, con su retrato plural y luminoso de un islam que no renuncia a la modernidad, ni la terminación en Egipto de la nueva Biblioteca de Alejandría, un colosal monumento laico proyectado por los noruegos de Snøhetta, modificaron un clima de recelo y temor.Mientras, en la Península Ibérica, que durante muchos siglos fue escenario de la difícil coexistencia del occidente cristiano con el islam, las obras emblemáticas de dos ciudades de herencia musulmana eran adjudicadas a arquitectos del norte europeo: el holandés Rem Koolhaas en la Córdoba omeya, y el británico David Chipperfield en la Teruel mudéjar, procurando otros mestizajes y otros diálogos en un continente que estrena moneda única al comenzar 2002, un año que pese a todo es obligado iniciar con esperanza. El que se cierra celebró el aniversario de Walt Disney, un genio del siglo XX que se dio a conocer durante la Depresión con la parábola optimista de Los tres cerditos, que no temían al lobo feroz de la crisis económica como hoy deberíamos esforzarnos en no temer al lobo feroz y ficticio del islam o al lobo feroz y funesto del terror. | |||