| Número 98 XI-XII 2002 22 |
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NUEVA VIEJA EUROPA New Old Europe |
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| Luis Fernández-Galiano Nueva vieja Europa New Old Europe Herencia continental Continental Heritage Recinto arqueológico califal, Córdoba (España) Caliphal Archaeological Site, Córdoba (Spain) Francisco Torres Salas culturales en un monasterio del siglo XII, Fitero
(España) Judenplatz, monumento sobre una sinagoga medieval, Viena (Austria) Vivienda en una casa del siglo XIV, Barcelona (España) Rocca Paolina, centro de visitantes en una fortaleza del siglo xvi, Peruggia
(Italia) Centro de documentación en el palacio de Belém, Lisboa (Portugal) Ayuntamiento en una posada del siglo XVII, Andújar (España) Tilty Barn, vivienda y estudio en un caserío de 1723, Essex (Inglaterra) Casa Middelem-Dupont, vivienda y galería en una granja del siglo xviii,
Oudenburg (Bélgica) Museo de Artes Contemporáneas en una industria minera del siglo XVIII,
Grand-Hornu (Bélgica) Casa de retiro en una mansión del siglo XIX, Rueil Malmaison (Francia) Stadtlagerhaus, viviendas y oficinas en un almacén de 1880, Hamburgo
(Alemania) Niccolo Paganini, auditorio en una fábrica del siglo XIX, Parma (Italia) Stuk, centro de artes escénicas en unos laboratorios del siglo XIX, Lovaina
(Bélgica) Kulturspeicher, centro cultural en un almacén de 1904, Würzburg (Alemania) El Águila, Archivo y Biblioteca Regional en una fábrica de cerveza de 1912,
Madrid (España) Westerdokhuis, estudio en un almacén de 1919, Amsterdam (Holanda) Hangar 14, salas de exposición en una nave de 1930, Burdeos (Francia) Palais de Tokyo, centro de arte contemporáneo en un pabellón de 1937, París
(Francia) Residencia de estudiantes en un silo de 1953, Oslo (Noruega)
Rem Koolhaas/OMA |
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Luis Fernández-Galiano Nueva vieja Europa |
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| Europa se renueva. Vivamente consciente de su
edad, el viejo continente procura rejuvenecerse con la asimilación de copiosas
transfusiones demográficas, la rehabilitación de sus tejidos urbanos y la regeneración
de sus instituciones escleróticas. Este gigante económico es sin embargo un enano
militar, y el paraíso provisional que ha construido en su exiguo y superpoblado
territorio, sin idioma común ni liderazgo único, se asienta sobre el soporte frágil de
la estabilidad del mundo. Las recientes convulsiones han puesto de relieve tanto sus
fracturas internas como los riesgos emboscados en un futuro incierto: mientras el núcleo
del continente, en sintonía con las opiniones públicas, se ha alejado de la geopolítica
del Imperio, los países periféricos han preferido la protección de una América robusta
y belicosa, enhebrando una orla (formada por islas atlánticas, penínsulas mediterráneas
y un archipiélago de naciones excomunistas) que Washington ha bautizado como la nueva
Europa. Pero tanto la vieja Europa franco-alemana como la nueva de británicos, españoles, italianos o polacos son Europas de problemas parejos, similarmente sometidas al impacto vivificante y traumático de la inmigración, empeñadas en la renovación de su infraestructura material y enfrentadas a la redefinición de su identidad histórica. Este proceso de rejuvenecimiento demográfico, físico y simbólico encuentra en la rehabilitación del patrimonio arquitectónico un lugar privilegiado de expresión donde se manifiestan las oportunidades y los conflictos. Sean los cascos antiguos colonizados por inmigrantes, las periferias industriales obsoletas o los monumentos fagocitados por el turismo temático, las intervenciones en el patrimonio constituyen una fracción cada vez mayor del trabajo del arquitecto, y un espacio de reflexión que incide en la médula de los dilemas europeos con la violencia salutífera del torno de dentista, saneando cavidades y ocasionalmente rozando un nervio doloroso. Hoy, la noción de patrimonio se ha extendido tenazmente desde los restos paleontológicos y arqueológicos hasta los edificios del siglo xx, incluyendo los entornos de valor histórico o ambiental, la arquitectura vernácula o industrial, los paisajes urbanos o rurales e incluso esa herencia inmaterial que forman la tradición oral o la costumbre. Sin embargo, ese equipaje abrumador se percibe a menudo como un lastre que obliga a los europeos a viajar en el tiempo embarazados por baúles o paralizados por el exceso de recuerdos como Funes el memorioso, el personaje de Borges cuya excepcional retentiva resultaba al cabo incompatible con la vida. Exploramos el futuro del pasado y quizá deberíamos preocuparnos más bien por el pasado del futuro, reconciliando la supervivencia de los objetos con las decisiones estratégicas acerca de la ciudad actual que condicionarán nuestra capacidad adaptativa. Sólo así se regenerará este gigante anciano, y sólo así la vieja Europa se hará nueva. |
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