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Número101
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Contenido Hormigón fresco.
Descubrimiento o invento, la mezcla de cemento, agua, áridos y acero se transforma en piedra armada, adoptando la forma de su molde, cualquiera que éste sea. Desde su masivo origen romano a la reciente inclusión en la mezcla de fibras metálicas o sintéticas que lo convierten en un supermaterial, pasando por el perfeccionamiento a que lo sometieron los ingenieros franceses del XIX y el fundamental desarrollo del pretensado, el hormigón es hoy el material de construcción más utilizado del mundo. Sofisticado o vulgar, escultórico o seriado, este producto arcaico es también un material de futuro. |
Sumario Jean-Louis Cohen |
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| Tema de portada
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Arquitectura
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| Argumentos y reseñas
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Arte / Cultura
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| Adiós a dos maestros. Con más de noventa años han muerto Kenzo Tange y Ralph Erskine. El primero aunó simbolismo y técnica moderna; y el segundo propugnaba la participación comunitaria y el respeto al entorno. |
María Teresa Valcarce Tange, monumento nipón Carlos Verdaguer Erskine, la llama no se extingue |
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| Historias de hormigón. Una crónica francesa explora el origen de la pâte de pierre hasta su conversión en una técnica convencional; y un compendio de obras recientes presenta las diversas aplicaciones de este material universal. | Historietas de Focho Thom Mayne Autores varios Libros |
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| Últimos proyectos
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Técnica / Diseño
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| Para terminar, se celebran los cien años de la Sin City. Aquel poblado en pleno desierto de Nevada al que llegó el ferrocarril en 1905, convertido en los años cincuenta en la desinhibida capital del juego, fue entronizado por Venturi, Scott Brown e Izenour en los setenta como fenómeno cultural genuinamente americano. Hoy, su mayor pecado es la banalidad y la pérdida de autenticidad. | Productos Baños, monitores LCD Resumen en inglés Hormigón fresco Stanislaus von Moos El futuro está en el desierto |
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Luis Fernández-Galiano |
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El viejo hormigón es joven. Un material creado en el siglo XIX sobre el modelo inmemorial de los morteros clásicos, y desarrollado en el XX hasta cotas insólitas de innovación técnica y atrevimiento arquitectónico, ha entrado en el XXI como un recurso estructural y constructivo radicalmente renovado por la investigación científica y las exploraciones estéticas. Duro cuando fragua y fluido mientras fresco, este material paradójico merece bien la denominación de piedra líquida, porque ese oxímoron apocopa su doble condición seca y mojada, sólida y blanda, áspera y suave. En nuestro título, su estado todavía moldeable hace alusión a la terminación muy reciente de las obras publicadas, metafóricamente susceptibles de sufrir la imprimación de huellas; pero también hace referencia a la naturaleza inesperada e inventiva de las mismas, que explotan sin prejuicios ni envaramiento formal las posibilidades plásticas del hormigón. La contradicción inherente a sus dos estados sucesivos —la sensualidad húmeda de la pasta, escurridiza como un torrente o dócil como arcilla de alfarero, frente a la rotundidad inalterable del cemento fraguado— ofrece asimismo una ilustración reticente de su doble rostro público y profesional: emblema admirable de la cultura constructiva paleotécnica o símbolo ominoso de la urbanización sin escrúpulos; vehículo de la ingeniería heroica de puentes, torres y túneles o instrumento de la colmatación edificada de ciudades y costas; y recurso insustituible de la arquitectura de vocación escultórica y gusto por las texturas o medio inhóspito para los partidarios de la construcción seca y ligera. Entre el bulto y el búnker, el hormigón transita con aplomo por unos paisajes contemporáneos en los que ofrece gravedad material e inercia térmica, locuacidad estructural e inercia mecánica, expresividad volumétrica e inercia artística. Se ha recorrido un largo camino desde los balbuceos sabios de Perret, las intuiciones calculadas de Freyssinet y las invenciones sintácticas de Le Corbusier. Esa ruta, que ha tenido hitos deslumbrantes con Nervi, Saarinen, Niemeyer o Tange, y enhebrado también su trayecto mediante extraordinarios ingenieros y arquitectos hispanos, desde Torroja y Candela hasta Fisac o el propio Calatrava, transita hoy por lugares que resultarían desconocidos para muchos de sus protagonistas: la emoción es más importante que el cálculo, las superficies son más estudiadas que las estructuras, y la química prima sobre la física. Pocos de los grandes nombres del hormigón en el siglo XX describirían sus obras como esculturas habitadas, y sin embargo éste es el rótulo que mejor se ajusta a los proyectos que se asoman al umbral del siglo XXI: los grandes logros técnicos de esta hora se han puesto al servicio de la innovación formal y el estilismo estético. |
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