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Número103
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Contenido Valencia
2007. La designación de Valencia
como sede de la Copa América ha atraído la atención sobre la tercera ciudad
española y ha movilizado sus recursos para adecuar las infraestructuras
existentes y el litoral portuario al evento náutico. Puesta la mirada
sobre la milenaria ciudad, se advierte un panorama arquitectónico caracterizado
por gran cantidad de proyectos docentes y por una inquebrantable fidelidad
a los principios de la modernidad clásica, mientras emerge, valenciana
por excelencia, la ineludible figura de Santiago Calatrava, que da pie
a una entrevista y a un artículo sobre su obra reciente. |
Sumario Joan Olmos |
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| Tema de portada
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Arquitectura
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Proyectos de futuro. Además del proyecto estrella de la Copa América, ganado por Chipperfield tras un concurso internacional, y el barrio ecológico Sociópolis, la renovada imagen de Valencia se acuña con una nueva terminal aérea, nuevas instalaciones (estadio y ciudad deportiva) para el club de fútbol local, y la ampliación del museo de arte contemporáneo, a cargo de SANAA. |
Copa América: Foredeck |
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| Argumentos y reseñas
| Arte / Cultura
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Memorias de Berlín. El monumento a las víctimas del Holocausto de Peter Eisenman y la sede de la Academia de las Artes, remodelada por Günter Behnisch, testimonian la permanencia testaruda de las secuelas de la guerra. | Richard Ingersoll |
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Cultura clásica. Un libro hasta ahora inédito de Burckhardt sobre la pintura del Renacimiento italiano y la obra maestra de Semper sobre el estilo nos acercan aspectos fundamentales del debate cultural y estético del siglo XIX. | Historietas de Focho |
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| Últimos proyectos
| Técnica / Diseño
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Para terminar, los disturbios acaecidos en los barrios periféricos de las ciudades francesas han puesto de relieve la crisis social y política del país, que busca solución a un problema que va más allá del entorno construido. |
Productos |
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Luis Fernández-Galiano |
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El espectáculo construye la ciudad. Tanto
los grandes eventos deportivos como las Expos tienen una dimensión urbana
que convierte los acontecimientos en hitos del experimento arquitectónico.
España pudo comprobarlo en 1992, con la coincidencia de los Juegos Olímpicos
de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla, que ofreció un puñado
de hitos construidos para la mejor campaña de imagen de nuestra historia.
La reciente pugna de Madrid con Moscú, Nueva York, París y Londres, con
victoria final de los británicos, por adjudicarse los Juegos de 2012 ilustra
los apetitos urbanos que suscita el deporte de alta competición, motor
económico y añagaza simbólica para recabar inversiones públicas que pueden
tematizarse desde el orgullo colectivo. Así, el calendario arquitectónico
del futuro inmediato incluye el Mundial de Fútbol de Alemania en 2006,
la Copa América de Valencia en 2007 y los Juegos Olímpicos de Pekín en
2008 (año en el que también se celebra la Expo de Zaragoza), tres eventos
deportivos y televisivos que marcarán los próximos veranos, y que modificarán
profundamente sus sedes ciudadanas. En el caso de Valencia, su designación en noviembre de 2002 como sede
de la regata más antigua e importante —que muchos describen como la Fórmula
1 del mar—, entre más de sesenta ciudades candidatas, tiene un doble carácter:
por un lado, evidencia la ambición, dinamismo y empeño de la tercera ciudad
española, capaz de competir con éxito en las exigentes ligas urbanas para
la organización de acontecimientos planetarios; por otro, sirve a la vez
para justificar los grandes proyectos de transformación urbana y para
mostrar en el escaparate del mundo su capacidad y sus logros. La circunstancia
insólita de que el último vencedor de la Copa América, el velero Alinghi,
pertenezca a Suiza, un país sin mar, ha acabado dando a Valencia la oportunidad
extraordinaria de rediseñar su obsoleta fachada marítima, así como la
ocasión de modernizar y mejorar toda su red de transportes, desde el aeropuerto
hasta el metro, y acaso también el argumento para exigir a la administración
central la aceleración de la llegada de la alta velocidad a una ciudad
y a un puerto de creciente centralidad económica. Es imposible mencionar Valencia sin que en la misma frase aparezca el nombre de Calatrava, un arquitecto e ingeniero que ha logrado hacerse tan inseparable de la imagen local como la paella o las fallas, y ello pese a que su casa y su estudio están fuera de España, su obra tiene un ámbito internacional, y sus formas escultóricas sirven como logo de muy diversas instituciones o ciudades. Aunque Martin Filler en The New York Review of Books lo describa «a medio camino entre Disney y Gehry», Ada Louise Huxtable en The Wall Street Journal, «peligrosamente próximo al kitsch», y Edwin Heathcote en The Financial Times, «víctima del síndrome del icono», el valenciano es el primer arquitecto que expone en el Metropolitan neoyorquino desde que Breuer lo hiciera en 1972, y su populismo volador, volátil y voluble es un signo del espectáculo de los tiempos, tan incardinado en su época como Fra Angelico o Van Gogh, expuestos junto a él, lo estuvieron en las suyas. La energía luminosa y sensual de Valencia no la representa sólo Calatrava, pero tampoco el de Benimamet desmerece esta ciudad deslumbrante y excesiva. |
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