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Número106
I -II 2006
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Contenido Parque automóvil. Desde su nacimiento simultáneo a finales del siglo XIX, la arquitectura moderna y el automóvil han formado una singular pareja, protagonista de la ciudad contemporánea. De los futuristas a los high-tech,
pasando por Le Corbusier y Fuller, la fascinación de los arquitectos por los avances del automóvil en cuanto a producción en serie, industrialización e
imagen de marca se ha visto finalmente correspondida en estos últimos años con el reconocimiento de la industria automovilística de la necesidad de
asociar su producto repetido a la impronta única del autor. |
Sumario Jorge Sainz |
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| Tema de portada
Obras de marca. La alianza entre la excelencia arquitectónica y la del automóvil se plasma en seis obras de importantes marcas. En Alemania, el UN Studio de Van Berkel y Bos construye un dinámico museo para Mercedes en Stuttgart, y Zaha Hadid introduce sus formas fluidas en la fábrica de BMW en Leipzig; en Francia, Jakob y MacFarlane remodelan el interior de un edificio industrial para el Centro Renault en Boulogne-Billancourt, mientras que en Italia Massimiliano Fuksas emplea la delicadeza del vidrio en el Centro Ferrari de Maranello; y en Gran Bretaña, Nicholas Grimshaw levanta una serena construcción para los míticos Rolls Royce en la campiña inglesa, y Norman Foster define para la escudería McLaren, en el condado de Surrey, un exacto conjunto de geometría circular y tecnología sostenible. |
Arquitectura
UN Studio (Van Berkel y Bos) |
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| Argumentos y reseñas
Homenajes a maestros. La concesión del Pritzker al brasileño Mendes da Rocha ha puesto de actualidad su obra poética e ingenieril, y el centenario del nacimiento del italiano Scarpa recupera el valor del oficio y de la historia. | Arte / Cultura
Josep Maria Montaner |
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| Pérdidas peninsulares. La muerte de Fernando Távora ha dejado huérfana a la arquitectura portuguesa; mientras que el fallecimiento de Miguel Fisac deja a la española sin su maestro más inquieto e innovador. | Eduardo Souto de Moura Távora, retrato del artista joven Luis Fernández-Galiano Fisac, el ingenio impaciente |
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| Marginales y extravagantes. Una deliciosa selección de arquitecturas extraoficiales, levantadas con sus propias manos por espontáneos sin licencia de la España rural, alude a los orígenes más primarios del impulso creativo. | Historietas de Focho Paulo Mendes da Rocha Autores varios Libros |
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| Últimos proyectos
Estadios del Mundial. Recién clausurado el campeonato del mundo de fútbol de Alemania, se presentan las dos sedes más significativas del evento: por un lado, la levedad translúcida del estadio de Herzog y de Meuron en Múnich, escenario del partido inaugural; y por otro, la remodelación del solemne estadio olímpico de Berlín, donde Italia se proclamó campeona. |
Técnica / Diseño
Herzog y de Meuron |
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| Para terminar, el reciente fallecimiento de Jane Jacobs, activista comunitaria, defensora de los barrios tradicionales y autora de uno de los libros sobre urbanismo más influyentes del siglo XX, sirve a Ingersoll para repasar los hitos más significativos de su lucha contra la modernidad destructora y para señalar su influencia en la ciudad y en la arquitectura contemporáneas. | Productos Piedra, ventanas, mobiliario Resumen en inglés Parque automóvil Richard Ingersoll Muerte y vida de Jacobs |
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Luis Fernández-Galiano |
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El automóvil y la arquitectura forman una extraña pareja. Aunque su estima mutua es manifiesta, los miembros de este matrimonio mixto son de tan dispar naturaleza que los frutos de su ayuntamiento tendrán obligatoriamente un carácter híbrido. Por un lado, una máquina veloz y liviana, subordinada en su forma a las leyes del movimiento; por otro, una construcción inmóvil y pesada, sometida en sus trazas a la gravedad testaruda: nada tan improbable como la atracción fascinada entre el tránsito y la permanencia. Sin embargo, el motor de explosión transformó radicalmente el territorio, y la mutación urbana o suburbana generada por esta fertilización tuvo su eco simbólico en edificios que se fingieron raudos y mecánicos. La pasión entre arquitectura y automóvil construyó el paisaje de la modernidad, y el mundo contemporáneo resulta inconcebible sin este mestizaje inverosímil, producto al mismo
tiempo de la necesidad y del azar.
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Richard Ingersoll |
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Hubo un tiempo en Estados Unidos en que las voces de la razón marcaban de verdad la diferencia y entre ellas estaba la de la activista comunitaria Jane Jacobs. El tiempo fue la década de los 60 y el lugar la ciudad de Nueva York. Su libro más famoso, que todavía se lee mucho, The Death and Life of Great American Cities (1961) fue, junto con el de Rachel Carson Silent Spring (1962), uno de los ataques más virulentos jamás escritos contra los efectos del poder empresarial multinacional. Si este último abrió el discurso contemporáneo de la conciencia ecológica, Jacobs llamó la atención del país sobre la participación comunitaria como herramienta contra el devastador impacto de los urbanistas y de sus clientes corporativos. Su libro tuvo menos repercusión en Europa, quizás por la particular situación política a la que se enfrentaba el viejo continente, muchas de cuyas ciudades habían sido bombardeadas en la II Guerra Mundial, se encontraban en reconstrucción y no estaban sometidas con la misma intensidad a los procesos de ‘Renovación Urbana’. Aunque sus obras se centraron mayoritariamente en en el urbanismo, Jacobs no recibió formación específica y, de hecho, no tenía ningún título universitario. Quizá su matrimonio con un arquitecto y su trabajo para la revista de arquitectura más influyente de los 50, Architectural Forum, le dio suficiente confianza como para enfrentarse a la clase dirigente. Férrea detractora de la Guerra de Vietnam, dejó los Estados Unidos en 1968, trasladándose a Toronto para que sus hijos evitaran el servicio militar. Unos años después renunció a su nacionalidad para poder votar. Allí siguió con su campaña para salvar barrios y plantó cara a los urbanistas y sus vías elevadas, parando en esa ocasión la autopista Spadina. Insistió en la relajación de la normativa de zonificación —que vio funcionar bien en Toronto— como causa de la regeneración de los barrios. Aunque muchos la consideraban enemiga de los automóviles, eran las grandes carreteras y aparcamientos, y no los coches, lo que le molestaba. De hecho, dudaba de la bondad de las calles peatonales porque implicaban la segregación de funciones. El impacto de Jacobs en la arquitectura norteamericana ha sido considerable, no tanto en términos formales como en cuestiones programáticas. Cuando Robert Venturi y Denise Scott-Brown hablan de ‘vitalidad desordenada’, están parafraseando a Jacobs. Cuando Rem Koolhaas describe su manifiesto retroactivo como ‘cultura de la congestión’, está copiándole los elogios a la densidad de Manhattan. Nadie puede usar el término de ‘usos mixtos’ sin referirse a ella. Sin embargo, en su visión global, la buena arquitectura no era una cuestión de estilo o de estética, sino simplemente el síntoma de un ambiente social y económicamente saludable. Como fue acusada de ser poco realista respecto a las necesidades de la empresa moderna, Jane dedicó la mayoría de sus siguientes textos a la economía urbana. Ninguno ha tenido el impacto de su primer libro, quizás porque les falta un ‘enemigo’. Como demuestran sus títulos The Economy of Cities (1968), Cities and the Wealth of Nations (1984), Systems of Survival: Moral Foundations of Commerce and Politics (1992) y The Nature of Economics (2000), Jane tenía la misión de explicar «qué es lo que produce el desarrollo económico». Uno de sus conceptos, la «sustitución de las importaciones», resultó vital para su pensamiento: si una ciudad puede producir lo que necesita importar, su economía prosperará. La idea de que la producción y la creatividad, espoleadas por los incentivos y la competencia, mantienen la vitalidad de barrios y ciudades, no debe olvidarse nunca. Su argumentación final le acercó a Rachel Carson, al descubrir que la economía y la ecología, que tienen raíz etimológica común, son análogas, y que una economía sana es como una selva acumulando biomasa. Su famosa disputa con Lewis Mumford tenía que ver con el modelo de Ciudad Jardín, que éste defendía como remedio a todas las enfermedades urbanas. Ella pensaba que conducía a una innecesaria separación de funciones, cuando no a la de razas y clases. Los impecables planos de los defensores contemporáneos del ‘Nuevo Urbanismo’ no se libraron de la misma crítica. La visión democrática de la ciudad de Jacobs es «orgánica, espontánea y desordenada… y su densidad es esencial para el crecimiento económico y la prosperidad.» |
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