| Número 63 XI-XII 1998 1.900 Pta (11,30 euro)
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Contenido Libro o bibliotecas. La primera
biblioteca no ocupaba lugar: residía en la memoria humana; y la biblioteca del futuro será
virtual, formada por una red infinita de conexiones. Aunque los avances en la difusión de la
información y en la edición electrónica amenazan paradójicamente con hacer realidad la profecía
de Victor Hugo —que el libro acabaría con la arquitectura—, las bibliotecas actuales
se construyen aún como recintos destinados al depósito y la custodia del libro,
prolongando la vigencia de un tipo consolidado a lo largo de siglos, del que los
maestros modernos construyeron ejemplos canónicos. |
Sumario Luis Fernández-Galiano | |||||||||
| Edificios:
proyectos y realizaciones
Lecturas públicas. El contenido cultural y la función
asistencial se entreveran en las bibliotecas públicas, cuyas arquitecturas desempeñan
también un importante papel urbano. Los proyectos de Sevilla y Tarrasa atienden
simultáneamente las solicitaciones del programa y del entorno; y el de Sallent recupera
para esta localidad catalana un vestigio de su pasado industrial. |
Arquitectura
Cruz y Ortiz |
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| Saberes universitarios. En la
dinámica universitaria conviven la vocación generalista con la tendencia a la especialización.
Al primer modelo corresponden las bibliotecas de Vigo y Alicante, construidas como
piezas centrales de campus de nueva creación; la de Navarro Baldeweg en la universidad
norteamericana de Princeton es, sin embargo, un reducto musicológico. |
Noguerol y Díez Biblioteca central, Vigo Palmero y Torres Biblioteca central, Alicante Juan Navarro Baldeweg Biblioteca Woolworth, Princeton |
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| Libros, exposiciones, personajes Museos mutantes. Rafael Moneo ha vencido en el segundo y,
por ahora, definitivo concurso de ampliación del Museo del Prado, y Renzo Piano ha asumido
la remodelación de una de sus obras emblemáticas: el Pompidou de París. |
Arte / Cultura Luis Fernández-Galiano |
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| Especies del arte. Barcelona y
Marsella dedican sendas exposiciones al arte de acción y a las instalaciones, que ofrecen
oportunidades de constatar el peso de estas manifestaciones en el contexto de la producción
del siglo. |
Juan Antonio Ramírez Arte en acción Octavi Martí 50 especies de espacios | |||||||||||
| Puntos de vista. Un libro reciente
descubre las deudas de la arquitectura moderna con una disciplina tan aparentemente lejana
como la apicultura, y otro enfoca la práctica contemporánea desde una perspectiva cuantitativa. |
Historietas de Focho Jørn Utzon Autores varios Libros | |||||||||||
| Interiorismo, diseño, construcción Materiales escolares. Las dimensiones infantiles dictan
la estructura y el cerramiento vítreo de la guardería de Eduardo Arroyo; la exigencia de luz
natural condiciona el delicado dibujo de lamas de madera del instituto de Mahler, Günster
y Fuchs; y la decisión de adaptarse a una topografía abrupta conforma la potente volumetría
de hormigón de la escuela de Burkard y Meyer. |
Técnica / Estilo Eduardo Arroyo | |||||||||||
| Para terminar, el catedrático de
construcción de la Escuela de Barcelona José Luis González releva a su homólogo Ignacio Paricio
y pone el colofón a la serie anual de temas constructivos, dedicando su atención a los
pavimentos; y Luis Fernández-Galiano relaciona los equívocos entre realidad y ficción de la
película El show de Truman con los del ‘nuevo urbanismo’ norteamericano. |
José Luis González Pavimentos Resumen en inglés Libro o bibliotecas Luis Fernández-Galiano El mundo de Truman | |||||||||||
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Luis Fernández-Galiano | ||||||||||||
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El libro solía habitar las bibliotecas. Hoy, sin embargo, el libro ha sido secuestrado
por la industria del ocio, y las bibliotecas han pasado a integrarse en los circuitos de la
información. Ocio e información no son incompatibles, pero ocupan espacios diferentes en la
arquitectura simbólica de la sociedad contemporánea, y así, libro y bibliotecas se alejan
como témpanos a la deriva. Los libros, que en otro tiempo alimentaban de forma capilar un
delicado tejido de bibliotecas públicas y privadas, actualmente se producen y se consumen
con una voracidad torrencial que no aspira a dejar detrás de sí residuo alguno: los depósitos
se han transformado en flujos. Y las bibliotecas, que antaño tenían su razón de ser en los
interminables anaqueles listados de volúmenes, hoy son edificios que ayuntan lo informativo
y lo asistencial, construcciones ambiguas donde se cruzan la oficina administrativa, el centro
cultural y el pabellón de servicios.
Si el libro ya no aspira a reposar en la biblioteca, y si la biblioteca ya no necesita ni desea tener libros, el editor se convierte en un agente comercial, y el bibliotecario en un especialista en máquinas y programas de ordenador, fracturando la vieja complicidad que soporta la relación entre el libro y la biblioteca. El consumo masivo de libros circunstanciales y la mecanización compulsiva de la biblioteca electrónica dibujan un paisaje en el que libro significa «best-seller vendido en grandes almacenes a través de campañas de promoción», y biblioteca es una manera apocopada de referirse a «pantallas que dan acceso a archivos, CD-ROMs o Internet.» En ese contexto, no es extraño que el estado de California haya decidido no construir más bibliotecas universitarias, dedicando en su lugar los recursos a la creación de bibliotecas virtuales, en las que no existan libros materiales, y que por tanto tampoco precisen de edificios físicos. Pero cuando la biblioteca infinita de Babel con la que soñó Borges esté enteramente construida en el ciberespacio, y cuando los exploradores del universo laberíntico de los libros sean todos navegantes que surcan la red en la estela pálida de las pantallas, aún quedará un lugar para los lectores arcaicos que se extravían en la jungla digital, y aún quedara una función para las antiguas bibliotecas despojadas de libros. A medida que la lectura solitaria y la navegación electrónica se desplazan a los domicilios, las bibliotecas pueden llegar a ser los recintos de serenidad y silencio que en su día fueron las iglesias, hoy clausuradas para todo lo que no sea las ceremonias de culto o la curiosidad turística; permanentemente abiertas, luminosas y cálidas, aliviadas de la carga gravosa de los libros, pero también de la pesadilla insufrible de las máquinas, las bibliotecas pueden ser el refugio de jóvenes y ancianos frente a la algarabía escolar o el hacinamiento doméstico: un lugar colectivo y sagrado al servicio de la intimidad del individuo ensimismado. |
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