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| Número 85 VII-VIII 2002 15
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Contenido Último Chile. Como otros
aspectos de la vida cultural chilena, la arquitectura que emerge tras el paréntesis de la
dictadura es fruto de una transición pacífica y lenta. Digerido el debate teórico
latinoamericano de la modernidad apropiada y debilitada la corriente
estilística posmoderna que soplaba desde la otra América, la producción de la última
década manifiesta un equilibrio entre tradición y vanguardia que poco tiene que ver con
la nostalgia del pasado o la euforia ante lo nuevo, y sí con la capacidad que muestran
los arquitectos para entablar un diálogo creativo con sus propias circunstancias. |
Sumario
Jorge Edwards |
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| Tema de portada
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Arquitectura
Germán del Sol Manuel Casanueva Eduardo Castillo Enrique Browne Fernández y Hernández Alejandro Aravena Izquierdo y Lehmann Assadi y Pulido Irarrázaval y Acuña Undurraga y Devés |
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| Argumentos y
reseñas
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Arte / Cultura
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| Maestros de lo intangible. La exploración sistemática del vacío atraviesa la fecunda trayectoria del escultor vasco Eduardo Chillida; y la persecución incansable de la luz define la del artista norteamericano James Turrell. | Guillermo Solana Eduardo Chillida, 1924-2002 Ana María Torres James Turrell, dentro de la luz |
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| Geografías monográficas. De lo particular
a lo general, los proyectos y obras de autores de distintas latitudes publicadas en
formato monográfico abren ventanas a los panoramas arquitectónicos de sus respectivos
países. |
Historietas de Focho Carlos Ferrater Autores varios Libros |
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| Últimos proyectos
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Técnica /
Diseño
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| Para terminar, los autores del libro La ciudad y los derechos humanos exponen la urgencia de repensar el urbanismo a partir de derechos inalienables del individuo tales como la movilidad sin trabas y el libre asentamiento. | Productos Informática, luz exterior, grifería Caz, Gigosos y Saravia Abrir fronteras |
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Luis Fernández-Galiano También en ese terreno simbólico combina Chile ingredientes extremos, mezclando la sustancia local y las formas importadas con la naturalidad que atestigua la arquitectura más reciente, donde la materialidad táctil del cobre o la madera y la respiración pausada del extenso horizonte se decantan en el recipiente cosmopolita de los cánones metropolitanos para componer un paisaje al tiempo periférico y central. Como la España tradicionalista y experimental de los años ochenta, el Chile de esta hora extrae su atractivo de la condición de umbral entre dos mundos, en su tránsito desde el aislamiento involuntario hacia la globalización convencional. Cuando en 1973 el ejército bombardeó el Palacio de la Moneda fabricando el icono arquitectónico del golpe con la imagen humeante de la sede presidencial destruía un edificio chileno y extranjero, construido con mano de obra autóctona y trazas europeas, cantería local y herrajes vizcaínos hechos traer de Cádiz por un italiano al servicio de la corona española. Jorge Edwards ha relatado en El sueño de la historia la aventura austral de aquel arquitecto, Joaquín Toesca, entreverando el retrato de la sociedad colonial con la del Chile contemporáneo, y su mirada tierna e irónica perfila mejor el debate actual que los abismos y cumbres pasionales de Pablo Neruda (con quien compartió destinos diplomáticos, pero no la manie de bâtir que produjo las casas del poeta, tan arduamente fenomenológicas como las Merzbaus de Ciudad Abierta). La herencia intelectual y sentimental del país de Lagos y Lavín reúne el vanguardismo surreal de Vicente Huidobro y el academicismo emotivo de Gabriela Mistral, la cosa creada y la cosa cantada, y acaso sólo en el matrimonio metafórico de Altazor y Lucila Godoy pueda engendrarse hoy el espíritu paradójico de una nación oximorónica en el territorio, pero también en la historia y la cultura, que desde el último Occidente exporta alimentos terrestres y odas elementales a una Europa de sibilas polvorientas y amnésicas. |
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