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| Número 86 IX-X 2002 15
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Contenido Casas materiales. Experimental o
extravagante, la arquitectura doméstica refleja en la sustancia material de sus obras el
espíritu del momento. Como en la fábula de Los tres cerditos, las opciones son
residenciales y vitales: en la capital europea del vidrio se emula a la vanguardia
histórica con una versión maciza de la casa de cristal; en un barrio
británico y cerámico se construye una casa de paja ecológica; y en el sur de Francia se
levanta una casa textil, mitad instalación artística, mitad invernadero agrícola. Jorge
Sainz, Mariano Vázquez y Cristina Díaz con Efrén Gª Grinda comentan estas
realizaciones. |
Sumario
Kruunenberg y Van der Erve |
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| Tema de portada
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Arquitectura
Carmen Espejel, Guadarrama FFPV, Barcelona Gutiérrez y Ojeda, Tenerife Irisarri y Piñera, Gondomar Francisco Mangado, Pamplona Martín y Martín, Granada F. y M. Aires Mateus, Alenquer Javier Peña, Elche Roldán y Berengué, Barcelona Nieto y Sobejano, Madrid |
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| Argumentos y
reseñas
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Arte / Cultura
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| Patrimonio y vanguardia. Una gran colección de arte contemporáneo español se instala en el claustro renacentista de un monasterio castellano; y otra vienesa y alemana de principios del siglo xx en un palacete neoyorquino. | Javier Hernando El Patio Herreriano enValladolid Carlos Jiménez La Neue Galerie en Nueva York |
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| Voces de ingenieros. Cecil Balmond
pertenece a esa singular estirpe de ingenieros vinculados a grandes obras
arquitectónicas; su último libro coincide con otros textos dedicados a la relación
entre ambas disciplinas. |
Historietas de Focho Zaera y Moussavi Autores varios Libros |
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| Últimos proyectos
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Técnica /
Diseño
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| Para terminar, el arquitecto gallego César Portela reflexiona sobre la degradación del entorno en su tierra natal a raíz del naufragio del petrolero Prestige, que ha asolado tantos kilómetros de paisaje natural costero. | Productos Cerramientos, mobiliario César Portela Paisajes tras el Prestige |
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Luis Fernández-Galiano Cuando la casa resulta ser rehén virtual de un mundo fantasmagórico de figuras fugaces, nos adherimos a su sustancia física con tenacidad obsesiva, confiando inocentemente en que su materialidad nos rescate de tantos espíritus devenidos espectros. Pero sea experimento o rutina, la residencia singular es inseparable de su proliferación urbana, y el mejor proyecto deviene ominoso cuando se somete a una reproducción clónica que el objeto industrial admite sin reparos. Atrapada entre los cuernos de la sociología y el narcisismo, la casa vacila entre la producción customizada y la obra de autor, excavando ensimismada en su materia táctil por ensayar la fuga del círculo vicioso de la imagen repetida en el espejo, símbolo simultáneo de la introspección implosiva y de la multiplicación reiterada que jalonan el territorio familiar de lo doméstico. Al cabo, el debate de la casa es el del individualismo contemporáneo, un poderoso vector de transformación histórica que ha desanudado los vínculos restrictivos de las estructuras comunitarias tradicionales, liberando colosales energías e iniciativa al tiempo que arroja partículas elementales y autónomas a un campo abierto sin vallas ni caminos. Ese terreno de independencia es una tierra sin roturar, en la que la libertad del espacio sin límites se paga con el sacrificio de la huella, el hábito y la memoria. Por más que algunas casas sean tan excelentes como algunos individuos, la casa como tal exige un urbanismo disperso que destruye el paisaje como la anomia corroe el tejido social. Y el recurso curativo a la materia física de la arquitectura es entonces apenas una ficción consoladora ante el naufragio de una urdimbre colectiva que se desfleca y desvanece en el aire. |
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