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| Número 87 XI-XII 2002 15
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Contenido Delitos ornamentales. Adolf Loos
afirmó que el ornamento era delito, y pasaron más de cincuenta años antes de que
alguien dijera lo contrario. Quien se atrevió a hacerlo, Robert Venturi, no estaba en
realidad contestando al vienés, sino cuestionando el lapidario y aún popular «menos es
más» de Mies van der Rohe. El profundo arraigo del credo funcionalista del Movimiento
Moderno, poco proclive a lo accesorio, ha sido la causa principal del prolongado
descrédito de lo decorativo, cuyo valor se redescubre hoy desde diversos ángulos. |
Sumario
Juan José Lahuerta |
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| Tema de portada
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Arquitectura
Allmann, Sattler y Wappner Sede Südwestmetall, Reutlingen Toyo Ito Pabellón Serpentine, Londres |
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| Colores. Tras la retícula de hormigón que
envuelve la residencia estudiantil, unas ráfagas polícromas enriquecen la percepción de
su imponente volumen; a través del vibrante mosaico mondrianesco del muro cortina, el
edificio de oficinas se singulariza entre antiguas naves portuarias; y sobre la sección
irregular del recinto fabril, un tapiz de chapa tricolor unifica nave y oficinas. |
Steven Holl Simmons Hall, Cambridge, Ma William Alsop Torre Colorium, Düsseldorf Sauerbruch y Hutton Laboratorio fabril, Magdeburgo |
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| Argumentos y
reseñas
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Arte / Cultura
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| Lenguajes visionarios. El Centro de Arte Reina Sofía recrea sendos episodios de la vanguardia del siglo xx: la corriente concreta del arte suizo entre los años veinte y cincuenta; y el diseño gráfico ruso entre 1910 y 1934. | Anatxu Zabalbeascoa Suiza constructiva Jorge Sainz Libros de la vanguardia rusa |
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| Del tratado al catálogo. Con la edición
facsímil y la traducción se recuperan viejas joyas de la tratadística; y con el formato
acumulativo del catálogo se producen la mayoría de las monografías de autores
contemporáneos. |
Historietas de Focho Nicholas Grimshaw Autores varios Libros |
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| Últimos proyectos
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Técnica /
Diseño
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| Para terminar, la toma de posesión del nuevo presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, induce a reflexionar sobre el contenido simbólico de los monumentos de Brasilia, paradigma de la ciudad moderna. Como escenarios de una fiesta democrática, el Eje Monumental y la Plaza de los Tres Poderes recuperan el sentido original del proyecto de Lucio Costa y Óscar Niemeyer. | Productos Tejidos Roberto Segre Alborada roja en Brasilia |
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Luis Fernández-Galiano El ornamento desempeña entonces un papel no muy distinto al de la hipocresía o el protocolo diplomático, la urbanidad o la cautela del trato social, la cosmética o el teatro del encuentro. Disolviendo la contundencia geométrica con patrones de ritmo y convención, aliviando la desnudez hiriente de las superficies con texturas y temblores, e iluminando la grisalla rigorista o el blanco expeditivo con un turbión cromático, la arquitectura enmascara su ruda franqueza, endulza su perfil rotundo con un ropaje de carnaval, y encuentra en el don de la ebriedad la tolerancia amable con la verdad del otro. Este tránsito del Apolo exigente al Dioniso exaltado es un camino no exento de riesgos delictivos, que obliga al arquitecto a pecar contra el gusto reductivo y a violar las normas de la anorexia estilística; pero es también una ruta de liberación sensorial que permite circular de la inteligencia a la emoción, del orden abstracto a la fascinación figurativa, y de la modernidad dórica a la posmodernidad corintia. Se dirá que el ornamento es accesorio, y no podrá negarse; pero en la economía libidinal nada es más necesario que lo superfluo. Se dirá que el ornamento es superficial, y de nuevo deberá concederse; pero en la geografía de la seducción nada es más profundo que la piel. Y se dirá que el ornamento es efímero, y otra vez habrá de admitirse; pero en la historia de la percepción nada es más duradero que los motivos fugitivos, habitantes tenaces de un tiempo circular. La arquitectura degenerada del ornamento no tiene que pedir disculpas por su belleza culpable; esa entartete Bau no es un delito, sino un trastorno: una figura embarazosamente ataviada para la morigeración minimalista, pero vestida para matar a la manera femenina, combinando sugerencia y atracción; en el polo opuesto al dressed to kill masculino, desgraciadamente demasiado literal en esas tropas expedicionarias del Golfo que estos días colonizan las pantallas y las retinas, y frente a las cuales se desvanecen nuestros tibios trastornos ornamentales. |
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