Libros 

En la Edad de Hierro

30/04/2018


A comienzos de la década de 1920 una buena crítica podía valer una fortuna, y una mala podía arruinar toda una carrera. Todavía se hacía sentir el aura de los grandes críticos del siglo XIX, pero muchos cambios se han producido desde entonces. Si el siglo XIX fue la Edad de Oro de la crítica, los inicios del siglo XX fueron la Edad de Plata y las décadas posteriores a la II Guerra Mundial podrían denominarse la Edad de Bronce y la Edad Heroica.

En la década de 1980 la crítica se convirtió en una sombra de sí misma; se había vuelto inofensiva. Hoy existen muchos arquitectos estrella, pero ningún crítico estrella. ¿Qué es lo que ha ocurrido? Tal vez la crítica haya sido absorbida por el discurso, es decir, por un debate que se ha vuelto tan autosuficiente que incluso podría sobrevivir sin objetos arquitectónicos. Quizás la abundancia de declaraciones y entrevistas concedidas por los arquitectos estrella ha hecho que las voces de los críticos queden obsoletas. ¿O no será quizás que los arquitectos estrella han incorporado la crítica a sus estudios para producirla y controlarla ellos mismos? ¿O es que ya no hay más tiempo para la crítica en nuestra era digital?

Obviamente, la crítica no se ha ido para siempre. Pueden oírse sus susurros en las escuelas de arquitectura, y su influencia puede sentirse en las discusiones informales entre colegas o en las conferencias. La crítica sigue estando ahí en potencia, pero ¿dónde pueden trabajar los críticos? Cualquier ciudad de provincias dispone de fondos para construir un nuevo museo de algún arquitecto estrella, pero sólo hay un puñado de revistas de arquitectura, y la mayoría luchan por sobrevivir. Los miembros de los comités editoriales parecen misioneros anacrónicos; buscan nuevos temas, encuentran arquitectos olvidados, se dan prisa por cumplir los plazos de entrega, por encontrar los errores de imprenta, y por encontrar patrocinadores. No disponen de personal suficiente y están mal pagados.

Entre estas publicaciones, las de mayor éxito parecen más monografías que revistas. Contienen entrevistas y declaraciones de las estrellas, interpretaciones de historiadores, pero no opiniones. Se producen en estrecha colaboración con los estudios de los arquitectos, quienes les facilitan planos y fotografías, y se involucran en la selección de los autores. Son publicaciones bien hechas, pero básicamente son propaganda. Y además están repletas de ilustraciones brillantes y coloridas, de fotografías de edificios nuevos, desiertos, recién acabados, bajo un cielo azul.

Estas imágenes tan brillantes constituyen el símbolo mismo del declive de la crítica; son mucho más poderosas que las palabras. En semejante contexto, a menudo los artículos son poco más que unos pies de foto largos. A nadie parece importarle que el precio de la redacción de un artículo sea menor que el de los derechos de autor de una imagen. Y todo ello nos enseña que, aunque vivamos en esa fase que se ha venido a llamar de «cambio icónico», no ha habido ningún progreso en la representación de la arquitectura. De hecho, las fotografías brillantes e impecables son tan estáticas y estériles como las imágenes de propaganda política del pasado y del presente.

Pero toda esta sobreabundancia de imágenes constituye también una oportunidad para la vuelta de la crítica. ¿Acaso movimientos críticos anteriores de nuestra historia, como el dadá y el surrealismo, no se originaron en protesta contra la homogeneidad de la esfera cultural? ¿Acaso no fue el collage un arma muy poderosa para desmontar y debilitar el poder de las imágenes propagandísticas? Estoy seguro de que la renovación de la crítica crecerá a partir del trabajo de las propias imágenes. Espero con ilusión las críticas que nos muestren imágenes en blanco y negro, que ataquen la continuidad de la superficie brillante y que vuelvan a admitir a las personas en los edificios. Espero con ilusión el día en que una imagen favorable pueda valer una fortuna, y en el que una imagen demoledora tenga el poder de arruinar toda una carrera.

Este texto está extraído de Brechas y conexiones. Ensayos sobre arquitectura, arte y economía (Puente Editores, Barcelona, 2016).


Etiquetas incluidas: