Incubadoras: de lo genérico a lo cotidiano

Richard Scoffier 
31/12/2014


La arquitectura de Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal parece llevar hasta sus últimas consecuencias la noción de confort, una de las fundamentales del Movimiento Moderno. Refractarias al formalismo, sus obras se presentan como dispositivos que generan ambientes neutros, incubadoras capaces de cobijar e incluso anticipar diversas posibilidades.

Desde el exterior, los proyectos aparecen a menudo como simples galpones o construcciones genéricas que en ocasiones pueden estar aderezadas con plantas o flores. A primera vista, resulta difícil adivinar qué es la Casa Latapie, cuya apariencia semeja, sin provocación, un hangar situado en una calle residencial de Floirac. Más lejos, en Burdeos, la Universidad de Ciencias de la Administración, con sus balcones y sus rosales cuidadosamente mantenidos, recuerda, más bien, a una vivienda. En Grenoble, las buganvillas que aparecen tras una fina membrana de policarbonato desarman cualquier hipótesis…

Por el contrario, los interiores no dejan nunca de destilar una emoción intensa, no del tipo de conmoción estética que puede provocar el juego de los volúmenes bajo la luz que tanto gustaba a Le Corbusier, sino una emoción de otro género, pero igualmente pregnante. En Mulhouse, inmerso en uno de los apartamentos de la Cité Manifeste cuyas habitaciones se comunican todas para formar un continuum espacial, o al acceder a la gran cristalera que se abre en la última planta de las viviendas de los jardines Neppert, el visitante queda sumergido en una especie de narcosis. Es una sensación que también produce un edificio de otro tipo, la Escuela de arquitectura de Nantes, cuyos espacios, sombríos o luminosos, altos o bajos, planos u oblicuos, ofrecen a quienes lo usan, sin restricciones, muchas formas de ocupar, de vivir o de habitar el espacio... [+]


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