Industria y naturaleza

Tres décadas de innovación

31/08/2011


Carl G. Strandlund, piezas de la Casa Lustron Westchester antes de su montaje, Columbus, Ohio (1949)

La casa fue el verdadero laboratorio de la modernidad arquitectónica, y la piedra de toque de sus tres hipótesis mayores: la refundación de las ciudades, la asimilación de la técnica y el retorno a la naturaleza. Las teorías urbanísticas de la modernidad, experimentadas con escasa fortuna a lo largo del siglo XX, se juzgan hoy de manera desigual; su valor, en el fondo, es el de haber trazado un fértil circunloquio que nos devuelve a la convicción de que sólo un modelo denso de ciudad puede hacer frente con garantías a los retos económicos, sociales y medioambientales de nuestra época.

Por su parte, la fascinación de la casa moderna por la industria condujo a dos salidas disímiles: el lenguaje geométrico y estéticamente refinado del purismo, o la experimentación con soluciones constructivas ligeras y modulares, aparentemente despreocupadas de la estética pero atentas a la demanda —aún no respondida adecuadamente— de contar con viviendas eficaces, baratas y repetibles.

Finalmente, la nostalgia de la naturaleza —evidente en las utopías de las primeras vanguardias y en los numerosos pabellones modernos emplazados en paisajes idílicos—, encuentra, a la postre, un paradójico aliado en la propia industria, pues es precisamente en entornos extremos, agrestes o incomunicados donde más eficaces y valiosos resultan los sistemas industrializados, seriados y de aplicación universal, muchas veces afinados también para atender los requerimientos medioambientales propios del entorno.

Esta fecunda hibridación entre la industria y la naturaleza está presente en la familia de casas que se presentan a continuación, seleccionadas en el intervalo de treinta años delimitado por la madurez y el fin del Movimiento Moderno, en un recorrido que comienza con el refugio alpino construido por Charlotte Perriand (1937), pasa por la Packaged House de Wachsmann (1941), la Wichita House de Fuller (1944), la Maison Tropicale de Prouvé (1949) o la Casa Engstrom de Erskine (1955), y termina en la Casa Moduli 225 de Gullichsen / Pallasmaa (1969).


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