Arquitectura Viva
lunes, 30 de noviembre de 2020
18/04/2014

Objetivo: las periferias

 
Somos un país extraordinario y bellísimo, pero al mismo tiempo muy frágil. Es frágil el paisaje y son frágiles las ciudades, en particular las periferias, a cuyo mantenimiento no se ha dedicado ni tiempo ni dinero. Sin embargo, las periferias son las ciudades del futuro, aquellos lugares donde se concentra la energía humana, y que dejaremos en herencia a nuestros hijos. Por ello se necesita una gigantesca operación de zurcido para rehabilitar nuestras periferias; y se necesitarán también ideas para llevarla a cabo.

Somos un país capaz de fabricar los motores de Ferrari y complejísimos robots susceptibles de trabajar sobre una suspensión de plasma a 150 millones de grados centígrados. Podemos hacer tales cosas porque inventar está en nuestro ADN. Como dice Roberto Benigni, ya en la época de Dante fuimos capaces de crear los bancos, el crédito y la deuda: prestábamos dinero a reyes y papas; de hecho, Eduardo I de Inglaterra todavía nos lo debe. Como senador vitalicio, mi contribución no puede consistir en discutir sobre leyes y decretos; hay otros más capacitados para hacerlo. No soy político de profesión, sino arquitecto. Pero la arquitectura es un oficio político, pues el término ‘político’ proviene, no por azar, de polis, es decir, de ‘ciudad’. Norberto Bobbio sostenía, en este sentido, que uno debe ser ‘independiente’ de la política, pero no ‘indiferente’ a ella.

Algo que sí puedo hacer es ofrecer mi experiencia derivada de cincuenta años dedicado a la arquitectura, para sugerir ideas que puedan alumbrar otras nuevas entre nuestros jóvenes, una generación marcada por el altísimo desempleo. Por ello he decidido destinar mi sueldo de senador para dar trabajo a seis jóvenes, que irán rotando anualmente, y se dedicarán a desarrollar propuestas para mejorar nuestras periferias. ¿Por qué las periferias? Las periferias, como acabo de señalar, son las ciudades del futuro. No son fotogénicas, es cierto, y en realidad a menudo parecen desiertos o meras ciudades-dormitorio. Pero son ricas desde el punto de vista humano; de ahí, que sean el futuro de nuestras ciudades. En los centros históricos habita sólo un 10 % de la población urbana; el resto está en estos barrios difusos que se despliegan hasta el campo. En ellos está el potencial.

Nuestros padres nos legaron los centros históricos; mi generación no hizo tan bien los deberes, así que son los jóvenes los que deben salvar las periferias. El término ‘periferia’ denota lo degradado, lo decadente. ¿Esto es lo que queremos dejar en herencia? Las periferias son la gran apuesta de los próximos decenios: ¿podrán convertirse en partes de la ciudad? ¿Se transformarán en lugares urbanos y cívicos?

Sólo tengo algunas ideas, y no podré ofrecerles más a los jóvenes. Pero es necesario que estos no se conformen con la mediocridad. El nuestro es un país de talentos extraordinarios; los jóvenes están capacitados, y si no lo están lo acabarán estando por una razón sencilla: todos estamos subidos a hombros de un gigante. Ese gigante es nuestra cultura humanística, nuestra capacidad de inventar, de captar los matices, de enfrentarnos con ingenio a los problemas.

La primera cosa que hay que hacer es no construir nuevos suburbios. Es necesario que estos se vuelvan más urbanos, pero sin ampliar su superficie, y fertilizándolos con dotaciones públicas. Hay que poner límites al crecimiento también por el hecho de que llevar a lugares muy alejados el transporte público y recoger los residuos resulta económicamente insostenible. Lejos de ser explosivo, es necesario que el crecimiento sea hoy implosivo. Las zonas antaño industriales, militares o ferroviarias suponen grandes bolsas de espacio disponible, huecos de la ciudad que deben completarse: me refiero a densificar la trama urbana, a construir sobre lo construido. En este sentido resulta pertinente establecer lo que en inglés se denomina green belts: cinturones verdes que definen con claridad los límites entre la ciudad y el campo.

Otras de las ideas rectoras de mi proyecto con los arquitectos jóvenes es la de trasladar a las periferias un mix de funciones. Una buena ciudad es aquella en la que se puede dormir, trabajar, estudiar, divertirse y hacer la compra. En el caso de que haya que construir nuevos hospitales, es mejor que se levanten en la periferia, igual que los auditorios, los teatros, los museos o las universidades. Estas nuevas dotaciones tendrán un efecto catalizador para esos grandes desiertos cívicos que son hoy los suburbios. Construir lugares para la gente, puntos de encuentro en los que puedan compartirse valores, donde pueda celebrarse ese rito llamado civismo. Hoy en día, mis proyectos más importantes consisten en reestructurar guetos o periferias urbanas, trasladando, por ejemplo, la Universidad de Nueva York a Harlem, o el nuevo distrito hospitalario de Sesto San Giovanni a las afueras de Milán, donde se prevé construir también una estación ferroviaria y de metro, y un nuevo parque. Las nuevas funciones —los restaurantes, los teatros— deben acompañarse de nuevas infraestructuras de transporte público, evitando así la proliferación de aparcamientos. La ciudad del futuro tendrá que liberarse de estos aparcamientos subterráneos, y de los túneles que requieren los automóviles. No tengo nada contra ellos, pero ya hay ideas, como compartir los coches, que son una alternativa al modo en que hoy los usamos: maneras más racionales y confortables.

Necesitamos asimismo ideas para la rehabilitación energética y funcional de los edificios existentes: en pocos años podríamos reducir entre el 70 y el 80 % del consumo energético de los mismos, y consolidar las 60.000 escuelas dispersas por toda Italia que hoy están en riesgo de desaparecer. Nuestras periferias necesitan un inmenso trabajo de remiendo, de reestructuración, en un sentido que implica muchos aspectos: hidrológicos, sísmicos, estéticos. Hay oficios nuevos que inventar, relacionados con rehabilitar la edificación existente, y microempresas que sólo necesitan inversiones pequeñas para comenzar a ser eficaces. Todos ellos suponen una reserva de potenciales puestos de trabajo. Aconsejo a los jóvenes que apuesten por start-ups, empresas con pequeños capitales y que crean redes difusas de trabajo. Si consideramos, por ejemplo, las energías renovables, pequeñas plantas solares o sondas geotérmicas que vuelquen energía a la red, Italia puede ser un inmejorable campo de prueba: no padecemos ni los vientos gélidos del Norte ni los cálidos de África, pero disponemos de todo el potencial en relación con la geotermia, la energía eólica y la solar. Por ello, aunque suele mencionarse la ‘economía verde’, yo preferiría hablar de ‘economía italiana’. En las periferias no es necesario demoler, que es un signo de impotencia; resulta suficiente con intervenciones de microcirugía, de acupuntura, para transformar el espacio residencial en lugares más bellos, habitables y eficientes.

En este sentido hay otro tema, otra idea con potencial, la de los procesos participativos: implicar a los ciudadanos en la autoconstrucción, ya que muchos trabajos de rehabilitación se pueden llevar a cabo por cuenta propia, o casi, que es la forma empresarial más básica. Pienso en la construcción ligera, que no requiere desplazar a las personas de sus hogares, sino más bien animarlos a participar activamente en los trabajos. En este caso, el papel del arquitecto sería el de un guía, una especie de médico que se preocupa de curar no tanto enfermos como edificios maltrechos. En 1979, en Otranto, hicimos algo similar con ocasión del Laboratorio di quartiere (laboratorio de barrios), un proyecto financiado por la Unesco para rehabilitar el centro urbano. Una consultora de arquitectos concebidos de esta manera podría ser el origen de una buena start-up. En las periferias no se necesita destruir, sino transformar; de ahí, que sea más apropiado el bisturí que el pico o las excavadoras.

Quisiera terminar con un último consejo a los jóvenes: deben viajar. ¡Pero no para irse y no volver! Viajar sirve para tres cosas: en primer lugar, para aprender idiomas; después, para entender que las diferencias y la diversidad constituyen una riqueza, no un obstáculo; finalmente, para darse cuenta de la fortuna que se ha tenido de nacer en Italia, ya que si no se va al extranjero uno se acostumbra a toda esta belleza que nos rodea, y se vuelve indiferente a ella. Se trata, sin embargo, de una grande bellezza que en absoluto resulta inútil o cosmética, sino que se traduce en cultura, en arte, en conocimiento, en trabajo, una belleza que esperanza, que estimula los deseos y que al cabo debe dar a los jóvenes italianos un nuevo ímpetu.

Belleza italiana

Belleza italiana

Luis Fernández-Galiano
AV Monografías 227_228 - CASAS EN DETALLE AV Monografías
analiza en cada número un tema relacionado con una ciudad, un país, una tendencia o un arquitecto; incluye artículos de destacados especialistas, y comentarios de obras y proyectos ilustrados en detalle. Se publica en edición bilingüe español-inglés.
Arquitectura Viva 228 - JOSÉ MARÍA SÁNCHEZ Arquitectura Viva
cubre la actualidad, dando cuenta de las tendencias recientes y organizando los contenidos en secciones: tema de portada, obras y proyectos, arte y cultura, libros, y técnica e innovación. A partir de 2013 se publica mensualmente, en edición bilingüe español-inglés.
AV Proyectos 100 - MAD ARCHITECTS AV Proyectos
es el tercer miembro de la familia AV: una publicación bilingüe dedicada esencialmente a los proyectos (con especial atención a los concursos y detalles constructivos) que hasta ahora se han venido tratando de forma más sucinta en las otras dos revistas.
;
Arquitectura Viva SL - Calle de Aniceto Marinas, 32 - E-28008 Madrid, España - Tel: (+34) 915 487 317 - Fax: (+34) 915 488 191 - AV@ArquitecturaViva.com
Política de cookies - Aviso Legal - Condiciones de contratación - RSS