Arquitectura Viva
domingo, 26 de marzo de 2017
DE OPORTO A LISBOA

Arquitectura Viva 59

DE OPORTO A LISBOA

Un recorrido por el Portugal de la Expo 98
III-IV 1998
Contenido
  Sumario

De Oporto a Lisboa. El rostro arquitectónico del Portugal más reciente se ha venido asociando a la luz resplandeciente y la pureza de líneas de los líricos constructores de Oporto. Y ahora, desde las riberas del Duero, la voluntad modernizadora de un país en vías de renovación ha llegado hasta el estuario del Tajo, donde se ha levantado la última exposición mundial del siglo, con la que la vieja y pálida Lisboa aspira a consolidar un futuro de dimensiones metropolitanas. Entre la herencia de unas tradiciones sabias y las expectativas de un porvenir que todavía se proyecta discurre hoy la arquitectura portuguesa.

  Antonio Angelillo
Identidad y cambio
Última arquitectura portuguesa
Juan Miguel Hernández León
Cuadernos lusos
Siza en las ciudades
Nuno Portas
Capital del futuro
Lisboa y la Expo 98
Edificios: proyectos y realizaciones
  Arquitectura

Carácter canónico Frente a la algarabía dominante en el recinto de la Expo, Siza y Carrilho da Graça han elegido para sus respectivos pabellones las geometrías nítidas y los materiales tradicionales de la arquitectura portuguesa; también es un proyecto modélico en su diálogo con el pasado la transformación en parador del monasterio de Bouro, que ha llevado a cabo Souto de Moura.

  Álvaro Siza
Pabellón de Portugal, Expo 98
João Luis Carrilho da Graça
Pabellón de los Mares, Expo 98
Eduardo Souto de Moura
Parador de Bouro, Amares
 

Renovación interna. Los nuevos centros de enseñanza reflejan tanto la modernización de Portugal como los ámbitos por los que discurre la reciente producción del país, representada aquí por tres edificios docentes de formas prismáticas: una facultad ingenieril de Adalberto Dias, unos laboratorios veterinarios de Rocha y Gigante, y una escuela universitaria de Nuno y José Mateus.

  Adalberto Dias
Facultad de Ingeniería, Aveiro
J. Álvaro Rocha y José Gigante
Laboratorios, Vila do Conde
Nuno y José Mateus
Escuela Empresarial, Setúbal
 
Libros, exposiciones, personajes
  Arte / Cultura

Entre Piano y Koolhaas. El genovés Piano es el primer arquitecto vinculado a la alta tecnología que obtiene el Pritzker; y el holandés Koolhaas inaugura en Burdeos una casa y una exposición de proyectos domésticos.

  Richard Ingersoll
Piano, premio Pritzker
François Chaslin
Koolhaas en Burdeos
 

Crónica de pérdidas. La norteamericana Dominique de Menil fue una gran mecenas de la arquitectura y el arte modernos, y el italo-suizo Alberto Sartoris, uno de los últimos teóricos de la vanguardia racionalista.

  Stephen Fox
Dominique de Menil, 1908-1997
José Laborda
Alberto Sartoris, 1901-1998
 

Incitación a la lectura.Ensayos sobre temas variados, biografías de grandes creadores, repertorios de edificios o reflexiones sobre la ciudad del mañana: las editoriales promocionan de nuevo la arquitectura para leer..

  Historietas de Focho
Kenzo Tange
Autores varios
Libros
Interiorismo, diseño, construcción
  Técnica / Estilo

Tres cubiertas curvas La gran cáscara de hormigón proyectada por Foster alberga un museo de aviones históricos; bajo los arcos de madera que forman la cúpula oval diseñada por Ito se celebran competiciones deportivas; y la extensa plataforma alabeada que han construido Sejima y Nishizawa sirve a la vez como cubierta y espacio expositivo de un centro de arte universitario.

  Norman Foster
Museo del Aire, Duxford
Toyo Ito
Cúpula O, Odate
Sejima y Nishizawa
Talleres multimedia, Ogaki
 

Para terminar, la sección de productos aborda el problemático asunto de las claraboyas, un elemento recurrente en muchos proyectos pero no siempre fácil de adaptar a los rigores del clima meridional; y, a partir de las posibilidades creadoras que ofrece un juego de ordenador, Fernando Valderrama se pregunta acerca de un posible futuro profesional dedicado al diseño de espacios virtuales.





 
  Ignacio Paricio
Claraboyas
Resumen en inglés
De Oporto a Lisboa
Fernando Valderrama
Los misterios de Myst



 
Luis Fernández-Galiano

De oporto a Lisboa

En un cuarto de siglo, Portugal ha transitado de la penumbra a los focos. La revolución de los claveles franqueó el umbral de la libertad; la revolución del euro y de la Expo ha cruzado la línea de sombra de la modernidad. La libertad política y social fundió las fronteras de ignorancia que hacían del país una mancha ciega del mapa europeo, y sus vecinos descubrimos con asombro un paisaje emocionante y detenido; por su parte, la modernidad económica y técnica ha regenerado la autoestima de un país melancólico, que ha trocado la nostalgia por una esperanzada saudade del futuro. En el terreno de la arquitectura, la primavera de los claveles permitió la difusión paulatina de la escuela de Oporto; y la primavera del euro y de la Expo ha señalado una inflexión decisiva en el proceso de internacionalización de Portugal, con la construcción en Lisboa de grandes obras emblemáticas proyectadas por arquitectos foráneos. Del Duero al Tajo, este país atlántico ha viajado de la umbría al fulgor y de la poesía al espectáculo.

Españoles y portugueses hemos compartido tantos trechos de la historia que a ninguno sorprende constatar las simetrías de este último tramo: nuestra transición política fue poco posterior a la instauración de la democracia en Portugal; y ahora son las celebraciones lisboetas las que reproducen el clima de euforia y confianza en el futuro que en 1992 provocaron la Expo de Sevilla y los Juegos de Barcelona. Lejanos los tiempos en que el destino de los países lo decidían las alianzas matrimoniales de las dinastías, España y Portugal viven un momento de fraternidad espontánea que alimenta el conocimiento mutuo y los intercambios culturales: literarios, musicales y, desde luego, arquitectónicos. A este lado de la 'raya seca', la admiración por el renacimiento portugués se centró primero en el ejemplo fértil de los arquitectos de Oporto; hoy se extiende a la energía vigorosa de Lisboa, que representa y articula el conjunto del país.

Serán muchos los que levanten displicentemente las cejas frente a la Expo. Ante el barullo colorista de los pabellones, la técnica naïf de las marquesinas y el colosalismo trivial de los recintos, recomendarán extraviarse en el laberinto de la Alfama, pasear sin prisas por la Baixa o demorarse en los miradores del Bairro Alto. Pero la belleza teatral y plácida de la vieja Lisboa no puede ocultar las insuficiencias de su infraestructura, que un desafío colectivo como la Expo ha contribuido a paliar. Nadie ha entendido tan bien esta condición escindida de Lisboa como un maestro de Oporto, el sabio y dulce Álvaro Siza, que ha sido silencioso en el Chiado y elocuente en la Expo azacanada; su toldo sereno de hormigón y sus pórticos arrítmicos de piedra combinan el gesto generoso de acogida y la monumentalidad en sordina para construir un dosel grávido, que ofrece al borde del agua una plaza de sombra luminosa: bajo ese palio pálido, pétreo y leve habitará unos meses el corazón marino de un país oceánico.

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