Arquitectura Viva
jueves, 29 de junio de 2017
PIEZAS RESIDENCIALES

Arquitectura Viva 97

PIEZAS RESIDENCIALES

Burkhalter/Sumi, e2a, Chipperfield. MVRDV, Bosch, S333
VII-VIII 2004
Contenido

Piezas residenciales. Si la vivienda colectiva es la materia prima de la ciudad, el fragmento urbano, incluyendo tanto la edificación como el espacio público, debería ser la unidad mínima del proyecto residencial. El ritmo de crecimiento en superficie de las ciudades triplica el del aumento de su población; los barrios antiguos se vacían, mientras se debate cuál es la densidad ideal y cuál la tipología más adecuada para cumplir con el reto de la sostenibilidad. Dos ejemplos recientes muestran las tendencias europeas: un barrio ecológico en Austria y la urbanización informal de una zona militar en los Países Bajos.

 

  Sumario

Del Caz, Gigosos y Saravia
Los barrios al sol
Modelos urbanos en discusión
Juan Herreros
Lo público doméstico
Vivienda en común
Justo Isasi
Ciudad solar o ‘collage’
Linz y Breda, formas del hábitat

Tema de portada


Vecindarios suizos. Cerca del lago de Zúrich y en un entorno disperso, dos ejemplos de vivienda multifamiliar en pequeñas unidades aisladas: una agrupación de volúmenes cúbicos de madera y un condominio en hormigón.

  Arquitectura  


Burkhalter y Sumi
Conjunto residencial, Ziegelwies
e2a / Wim y Piet Eckert
Conjunto residencial, Kilchberg
 

Bloques madrileños. Los nuevos barrios de la ciudad siguen una traza de ensanche, con escasas variaciones a cargo de arquitectos extranjeros: si el bloque inglés apura la normativa, el holandés es una manzana vertical.   David Chipperfield
Bloque en Villaverde, Madrid
MVRDV y Blanca Lleó
Bloque en Sanchinarro, Madrid
Densidad holandesa. Obligadas por la escasez de suelo a utilizarlo intensamente, Rotterdam y Groningen son escenarios de sendas operaciones de densificación urbana en un área muy céntrica y en una antigua zona industrial.
 
  Bosch Architects
City Building, Rotterdam
S333
CiBoGa, Groningen
Argumentos y reseñas  


Violencia y estética. Tres museos de Barcelona y el Artium de Vitoria exponen la guerra como fenómeno estético, la ruina de la utopía, la dimensión ética del arte y las posturas políticas de los creadores contemporáneos.

  Arte / Cultura 


Juan Antonio Ramírez
Estética y conflicto
Jaume Vidal Oliveras
Ideales rotos

Sevilla-Venecia, bienales de tesis. Por primera vez se celebra en la ciudad andaluza una bienal de arte contemporáneo, coincidente con la 9ª edición del certamen italiano dedicado al panorama arquitectónico internacional.   Juan Antonio Ramírez
Sueño, alegría, ingravidez
Richard Ingersoll
Santuario de ballenas
Cedric Price en los libros. Dos títulos en los que se mezclan proyectos y textos llenan un vacío bibliográfico y reivindican el legado del arquitecto británico, que auguró un futuro siempre mejor que el pasado.
 
  Historietas de Focho
Hans Kollhoff
Autores varios
Libros
 
Últimos proyectos


Maclas en Lisboa. El estudio portugués Promontório ha hecho de la sobriedad su sello; en tres emplazamientos distintos de la capital lusa, otras tantas realizaciones de vivienda colectiva con espacio para otros usos demuestran la compatibilidad de la estandarización, la prefabricación y el uso de materiales industriales como el fibrocemento con los programas domésticos.

  Técnica / Diseño 


Kenneth Frampton
Edificio Coociclo
Gerrit Confurius
Conjunto Oriente
Nuno Grande
Bloque Carnide

Para terminar,  el presidente del jurado de la última edición de la Exposición Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia comenta los premios otorgados en la muestra. Bajo el título ‘Metamorfosis’, la sección oficial presenta las formas cambiantes de las corrientes actuales, y los pabellones nacionales completan con su óptica poliédrica este paisaje mudable y mareante.   Productos
Luz, suelos, placas-yeso
Resumen en inglés
Piezas residenciales
Luis Fernández-Galiano
Venecia, leones y quimeras
 

Luis Fernández-Galiano

Vivienda sin ciudad

AViva97-lfg.jpg (10184 bytes)El problema de la vivienda ha devenido el problema de la ciudad. Durante el siglo XX, la transformación urbana provocada por la mecanización de la agricultura y los flujos migratorios del campo a la ciudad suscitó el llamado ‘problema de la vivienda’. Los países pioneros de la industrialización lo conocieron antes, y el hacinamiento insalubre del proletariado urbano fue el telón de fondo de la promesa higienista de la arquitectura moderna, que se alimentó del mismo espíritu regeneracionista y la misma indignación moral que los proyectos del socialismo utópico o las denuncias del marxismo revolucionario en el siglo anterior. En los primeros compases del XXI, y en el marco del mundo desarrollado, el alojamiento no es ya una preocupación cuantitativa o sanitaria, sino cualitativa y ambiental: garantizadas las dimensiones mínimas, la ventilación eficaz y el soleamiento salutífero, la vivienda contemporánea adolece de mediocridad visual, programas rutinarios y entornos anoréxicos.

A excepción del nuevo lumpemproletariado inmigrante –que habita los centros de nuestras ciudades con unas condiciones de vida no muy diferentes de las descritas por Engels en la Inglaterra obrera de la primera revolución industrial–, el resto de la población urbana de Occidente no se enfrenta a dilemas dramáticos en el terreno de la vivienda. La burbuja inmobiliaria, es cierto, ha arrojado a los jóvenes a las periferias más inhóspitas, y la creciente fragmentación de los grupos familiares –sumada a la pujanza imparable de la residencia individual– multiplica la demanda de viviendas cada vez más pequeñas, pero esta combinación de distancia y tamaño no provoca más disfunciones que los largos itinerarios y la costosa atomización de los servicios: una despilfarradora colonización dispersa del territorio que sólo se invertirá decisivamente cuando los precios de la energía obliguen a ello, pero que mientras tanto manifiesta una considerable capacidad de atracción para la inversión residencial.

Esta hipertrofia amorfa de las ciudades con ‘urbanismo basura’, para formar una Babel horizontal de barrios anónimos y urbanizaciones exánimes –semejantes en su estructura morfológica a metástasis celulares o a cultivos bacterianos–, es el desafío más significativo al que se enfrenta la voluntad política o ciudadana de diseñar una geografía voluntaria que exprese en el paisaje físico la genuina naturaleza del cuerpo social. Es inevitable pensar que, independientemente de nuestros deseos, la degradación formal de la ciudad contemporánea es una fiel representación del deterioro del organismo colectivo: un tejido enfermo en el cual la belleza singular de algunas piezas de arquitectura resulta tan patética como las joyas en un rostro demacrado. La vivienda no es hoy un problema que reclame experimentos estéticos o innovaciones estilísticas; es un problema urbano, de la civitas o la polis, es decir, ciudadano y político. Necesitamos más arquitectura; pero, sobre todo, necesitamos más ciudad.

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