Arquitectura Viva
domingo, 26 de marzo de 2017
ARAGÓN AHORA

Arquitectura Viva 99

ARAGÓN AHORA

Entre Huesca y Teruel, Zaragoza con la Expo 2008
XI-XII 2004
Contenido

Aragón ahora. La designación de Zaragoza como sede de la Expo 2008, con un programa que gira en torno al agua y al desarrollo sostenible, ha situado a la región aragonesa en primera línea de actualidad. Un recorrido cronológico desde principios del siglo pasado hasta la actualidad muestra la evolución de su arquitectura, dividiéndola en dos tramos: los primeros 75 años, caracterizados por el eclecticismo y la falta de identidad, con algunas excepciones notables, han dado paso en las tres últimas décadas a un conjunto de obras sobrias por parte de arquitectos poco dados a veleidades mediáticas.

 

  Sumario

José Laborda Yneva
La búsqueda de la identidad
Entre 1900 y 1975
Adela García-Herrera
Seis lustros aragoneses
La etapa de la democracia
Joan Roig
Zaragoza 2008
Espacios de otra especie

Tema de portada


De Huesca a Teruel. En el Pirineo oscense, una borda de piedra y hormigón y una estación de esquí se funden con el paisaje; mientras, en el centro de la ciudad, la Fundación Beulas imita el perfil ondulado de las montañas vecinas. En Zaragoza se encuentran la recuperada ribera del río Gállego, un hotel revestido de chapa de acero, una pieza vítrea de oficinas para una conocida marca de juguetes, la rotativa del periódico local, un aulario lleno de luz para el campus universitario, la esperada estación del AVE convertida en microciudad y un parque de bomberos construido sobre los restos de un convento, además de los nuevos juzgados de Calatayud. Finalmente, en la desconocida Teruel, una intervención en la muralla redescubre su plaza del Óvalo.

  Arquitectura  


Cánovas y Sanmartín
Pemán y Franco
Rafael Moneo
Alday, Jover y Sancho
Jesús Marco
Clúa Longás
Colmenares Vilata
Basilio Tobías
Ferrater y Valero
José Javier Gallardo
Ignacio Mendaro
David Chipperfield y b720

Argumentos y reseñas  


Más casas para el arte. La transformación del MoMA en Nueva York, llevada a cabo por Yoshio Taniguchi, y la aparición del MUSAC en León, obra de Mansilla y Tuñón, amplían el panorama del arte contemporáneo.

  Arte / Cultura 


Martin Filler
Gran MoMA
Javier San Martín
De repente, el último museo

Adiós a la fotografía. A modo de homenaje póstumo, sendos artículos recuerdan a Ezra Stoller, el fotógrafo de arquitectura por excelencia, y a tres grandes maestros del género: Cartier-Bresson, Richard Avedon y Helmut Newton.   Duccio Malagamba
Imágenes construidas
Elena Vozmediano
Ojos del siglo XX
Obras maestras. Rafael Moneo publica sus lecciones de Harvard; Peter Eisenman, 25 años de textos teóricos; Rem Koolhaas, la versión española de Delirious New York; y Venturi/Scott Brown, su definitiva biografía intelectual.   Historietas de Focho
Ben van Berkel
Autores varios
Libros
 
Últimos proyectos


Bomberos de diseño. Ibos y Vitart dotan a la ciudad francesa de Nanterre de un parque de bomberos metálico; Daniele Marques construye en la joven localidad suiza de Münsterlingen una pieza de hormigón para oficinas y parque de bomberos; y Sauerbruch y Hutton adosan a un edificio decimonónico de Berlín un volumen de vidrio que alberga un parque de bomberos y una comisaría.

  Técnica / Diseño 


Ibos y Vitart
Parque de bomberos, Nanterre
Daniele Marques
Bomberos, Münsterlingen
Sauerbruch y Hutton
Comisaría y bomberos, Berlín

Para terminar, Luis Fernández-Galiano expresa su malestar ante el interés mediático suscitado por el nuevo hotel madrileño Puerta América, en el que han intervenido 18 equipos internacionales —entre los cuales Foster, Nouvel, Hadid, Chipperfield, Pawson, Mariscal o Victorio y Lucchino—, y que marca un hito en la utilización de las estrellas de la arquitectura como reclamos comerciales.   Productos
Mobiliario, perfiles, informática
Resumen en inglés
Aragón ahora
Luis Fernández-Galiano
¿Por qué me siento mal?
 
 

Luis Fernández-Galiano

Aragón existe

AViva99-lfg.jpg (10184 bytes)El lema acuñado por los turolenses vale para la región en su conjunto. Con la resignación propia de los países sin mar, Aragón se ha acostumbrado a la ignorancia exterior, y rara vez reclama la atención que merece. Sin embargo, ni la densidad estratificada de su historia ni su estratégica localización peninsular autorizan el desdén. Entre el Pirineo de Huesca y las serranías de Teruel, esta gran artesa regada por el Ebro ofrece algo más que ermitas románicas y torres mudéjares, palacios góticos e iglesias barrocas: suministra una ciudad populosa y un territorio despoblado a medio camino entre Madrid y Barcelona, Bilbao y Valencia. Con 20 millones de personas en un radio de 300 kilómetros, Zaragoza es el núcleo de condensación demográfica de esos dos grandes ejes, el que une las dos metrópolis españolas y el que enlaza el Cantábrico con el Mediterráneo siguiendo el valle del gran río ibérico; pero tan importante como esa capital pujante son los vacíos deshabitados que la creciente colonización del paisaje en una Europa densamente suburbanizada obliga a considerar como un valioso recurso.

Zaragoza, con la llegada largamente esperada del AVE y su elección como sede de la Exposición Internacional de 2008, es la protagonista forzosa de la actual hora de Aragón: tanto la alta velocidad ferroviaria que ya la conecta con Madrid —y pronto con Barcelona— como las ingentes inversiones en infraestructuras que exigirá esa gran muestra —con el agua como elemento central—, impulsarán decisivamente el crecimiento de una ciudad cuya prosperidad no ha ido siempre acompañada de una pareja exigencia cultural, y que ha suscitado en muchos de sus habitantes el sentimiento contradictorio reflejado por José Antonio Labordeta en sus Zarajota blues: «La amo, la odio, le tengo un cariño ancestral». La quinta ciudad de España, que en 1908 celebró el primer centenario del asedio napoleónico con una Exposición Hispano-Francesa, conmemorará el segundo abriéndose al río para promover el desarrollo sostenible bajo el logo ZH2O, y la ocasión debe servir para reconciliar la borraja y las migas con el talento peregrino que el cierzo y la falta de horizontes arrastró hacia otras tierras.

No cabe derramar lágrimas hipócritas por el Marcial de Roma, el Goya de Madrid o el Buñuel de México: el genio difícilmente se constriñe en el solar materno. Pero nuestro primer número dedicado a una región sin escuela de arquitectura permite recordar esa carencia, y subrayar hasta qué punto la ausencia de ese lugar de encuentro empobrece la arquitectura aragonesa, a la que se priva de un estímulo intelectual que no puede encomendarse sólo a los colegios o a las revistas. La mejor obra moderna de Aragón la construyó un ingeniero, y eso es algo que el ensimismamiento corporativo admite con dificultad: más allá del Rincón de Goya canonizado por Mercadal y la rutina historiográfica, la Casa del Barco que Juan José Gómez-Cordobés levantó en 1934 en el ensanche turolense —con sus barandillas atornilladas al hormigón náutico que eleva su castillo de popa sobre la panza de paquebote del muro de contención— extrae mejores lecciones estructurales y paisajísticas de las torres mudéjares que el localismo vernáculo o el cosmopolitismo formalista. Ese Aragón también existe.

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